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Breve Relato



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El que escribe es consciente de que la ironía de la mirada histórica sigue funcionando y nos espera en el camino. También en el nro. 2 se lanza una campaña para rendir homenaje al maestro colombiano Baldomero Sanín Cano y hay una lista estelar de los partidarios de dicha empresa que incluye un gran porcentaje de los intelectuales mejor conocidos de la época.

En el nro. 3, Editorial II, "La hora de las Américas", la revista declara, con acento de Rubén, que es importante que en el Nuevo Mundo, por lo menos, se intente "mantener a toda costa su fe en el Ideal" (13), a fin de "realizar para siempre el ensueño de las edades y hacer posible el reino del Espíritu entre los pueblos" (14).

Esta nota idealista fue introducida particularmente por el nuevo editor en jefe Carlos García-Prada y reiterada más tarde por Arturo Torres-Rioseco; las contribuciones de Manuel Pedro González, Raimundo Lazo, Julio Jiménez Rueda y Francisco Monterde eran más sobrias y menos emocionales.

En el nro. 4 (noviembre 1940) se informa que en el II Congreso celebrado en Los Angeles entre "las instituciones que acogieron y agasajaron a los Congresistas con espléndidas señales de generosidad" estuvo "el Estudio de Walter Disney" (309). También se anuncia el lanzamiento de la "Biblioteca de Clásicos de América" con una Antología poética de González Prada ("el más brillante de los escritores peruanos de todos los tiempos", 311).

El nro. 13, noviembre 1943, 11-12, incluiría una lista extraordinariamente ambiciosa de lo que se planeaba, que nos recuerda empresas muy posteriores como la Biblioteca Ayacucho fundada por Ángel Rama en los años setenta o la Colección Archivos fundada por Amos Segala en los años ochenta del siglo pasado.

En un editorial sorprendentemente teleológico del no.10 (octubre 1942), "La Hora Panamericana", que transparenta las altas ambiciones culturales y políticas de algunos miembros del equipo editorial, Carlos García-Prada concibe las dos Américas como "el Hemisferio Central" del mundo que se estaba creando a través de la Segunda Guerra Mundial. Se podría concluir que hasta 1951 la RI tiene una doble intencionalidad, latinoamericanista y panamericanista a la vez (aunque el 95 por ciento de su contenido fue siempre latinoamericano), que, a partir de 1951, con la fundación de la Revista Interamericana de Bibliografía por la OEA, se vuelve redundante (si bien, en realidad, la mayoría de las empresas bibliográficas de la OEA/Unión Panamericana también quedaron truncas).

En los próximos años, todavía con la Ciudad de México como centro de gravedad, la Revista pierde un poco su camino, hasta que en 1956 el IILI y la RI se trasladan a Estados Unidos (Iowa). En aquel momento, con Alfredo Roggiano como director (primero "técnico" y después "ejecutivo"), cesan los editoriales y las declaraciones de principios (remplazado, por un tiempo, por una sección muy sustancial dedicada a "Noticias de Hispanoamérica") y la revista deviene latinoamericanista sin ambivalencias. Años más tarde, por otra parte, Alfredo Roggiano hablaría de vez en cuando de la "Hispanidad", pero siempre de manera "ocasional" y sin demasiada convicción. La Revista fue siempre, y lo es todavía, una revista latinoamericana.




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